Una Navidad en Super Plus #1 | Cuentos por Entregas

Publicado por Aran en

Super Plus es el supermercado donde trabajan los protagonistas de mi primera novela ‘Odio a Todo el Mundo‘. Este es un relato navideño sobre Eva y compañía. Espero que te guste y que me comentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

Una Navidad en Super Plus Parte 1

Odio la navidad. La odio con todas mis fuerzas. El consumismo desmedido. Los villancicos. La felicidad impuesta. Las comilonas. Es todo tan falso que me dan ganas de vomitar. 

Estoy echando mas horas en el super, puesto que no han contratado a nadie mas para la campaña de navidad. Como no. 

Mucha mierda de ayudar al prójimo durante estas fechas, pero la gente está tan estresada que se comportan como psicópatas si no encuentran los juguetes, dulces, canapés o bebidas alcohólicas que están buscando. Bateman tiene que lidiar con muchos gilipollas, y lo hace con una sonrisa en la boca mientras que Karina se dedica a maquillar a señoras para las fiestas, cuando acaba con ellas parece que acaban de salir de un circo psicodélico. Aunque parecen encantadas de la vida con su cara llena de brillos y colorines. 

Pluma Blanca va de acá para allá como gallina sin cabeza ayudando a todo el mundo, a reponer, a encontrar cosas, en la caja, a limpiar…me encanta observarles cuando no hay nadie a quien tenga que cobrar. 

Está sonando otro villancico y yo quiero pegarme un tiro en la cabeza. 

—¿Cómo vas petarda? —me pregunta Pluma Blanca en el descanso. 

—Voy a suicidarme en la bañera esta noche —bromeo. 

—¿No te parece la época mas maravillosa del año? Aunque también sea la mas triste —añade sin hacerme caso. 

—¿Dónde están esas sonrisas? —pregunta Bateman, se ha puesto un gorro de Papa Noël y se está tomando un chocolate caliente, ahora los venden en la cafetería. Puedes elegir sin quieres que te los decoren con nata montada o malvaviscos y bastones de caramelo. Tanto azúcar en sangre no puede ser bueno. 

Le miro con mi habitual cara de poker y Pluma Blanca sonríe al verle. Ya no le tiene miedo. Ahora le desea. 

—Ya se lo que quiero que me regalen por navidad —me susurra y luego mira a Bateman. 

Yo pongo uno de mis caretos. 

Le odio y le amo ¿se nota? A Bateman, no a Pluma Blanca, mi relación con él no es tan complicada. 

—¡Pronto será navidad! —Bateman está eufórico. 

Es como un niño pequeño, no sabe que Papa Noël son los padres. No le romperé la ilusión.

—Creo que no puedes darle de comer después de medianoche ni bañarle. O algo así —respondo a Plumita. 

—¿De qué estáis hablando? —pregunta don perfecto. 

—No tengo ni la menor idea —contesta Pluma. 

—Odio la navidad —digo yo —no tiene nada de especial. Es otra puta mierda consumista. 

—Creo que alguien necesita un abrazo —añade Bateman. 

Se acerca a mi con los brazos abiertos y si, me abraza mientras yo espero que este momento tenso termine. Huele a perfume caro, como te imaginas que huele un actor de Hollywood. Uno que se bañe, si es que los hay. 

Quiero preguntarle que fragancia usa, pero creo que sería muy raro. Yo huelo a sudor y a mi champú de lavanda. No uso perfume. No hay ninguno que esté dirigido a chicas patéticas, inseguras y amargadas con un amor platónico que si que les hace caso, y que, aún así sigue siendo un amor platónico. 

Siento sus fuertes brazos rodeándome y está bien. No quiero admitir que algo de contacto humano de vez en cuando es bien recibido por mi parte. Muy de vez en cuando. No siempre. 

Plumita me mira con envidia. 

Los treinta segundos de su abrazo terminan y me siento extrañamente mejor. Sonrío o, al menos, lo intento. No se que hacer ni que decir. 

—¿Mejor? —Me suelta. 

—Sigo odiando esta época del año. Gracias. 

—Aunque un poco menos ¿verdad? 

No se que responder a eso. 

Pluma Blanca se pone a cantar el estribillo de ‘…Ready For It?’ de Taylor Swift (la conozco por que me la ha puesto en el coche varias veces). Creo que está intentando decirme algo, pero no lo pillo. Estoy de un humor raro, ya que nos tenemos que quedar después de nuestro turno a poner los malditos adornos navideños. Como si no tuviéramos suficiente con aguantar esas insufribles canciones toda la jornada laboral. 

Cuando cerramos el super, el jefe aparece con gorros de Papa Noël para todos, a partir de ahora nos lo tenemos que poner para trabajar ¡Guay! #IroníaModoOn. 

Pluma Blanca y yo nos encargamos de decorar el puñetero árbol mientras que Karina y Bateman llenan todo el local de espumillón de colores. Los demás cuelgan guirnaldas del techo y decoran las cajas. 

Plumita parece emocionado aunque puedo ver la tristeza en sus ojos. Es una fecha en la que se supone que tienes que ser feliz, pero para muchas personas es duro. Las que están solas, las que están perdidas, las que han perdido a un ser querido, las que no se pueden permitir nada…o las que son como el Grinch, como yo. 

No pienso fingir que soy feliz unos días al año, ni siquiera para aparentar. Mis navidades son la misma mierda que el resto del año. 

—Mira que adornos tan bonitos —me dice Pluma Blanca mientras cuelga unas bolas de purpurina roja. 

Es de lo mas hortera que he visto en mi vida.

Me fijo en lo que están haciendo Karina y Bateman, se han cubierto enteros de espumillón, como árboles de navidad andantes, cantan y bailan como si quedarse después del trabajo fuera lo mas divertido que les ha pasado en la vida. Les envidio, se divierten con cualquier cosa, como un niño pequeño o un gato con una caja de cartón. 

Se acercan a nosotros y nos coronan con espumillón. Sonrío por no parecerme al Grinch, por una vez en mi vida. Bateman me mira y yo aparto la mirada. Está demasiado guapo con todo esa purpurina en la cara. Seguro que ha sido Karina, quien también está cubierta de brillos. 

El jefe viene a comprobar que estamos haciendo lo que se supone que tenemos que estar haciendo y no perdiendo el tiempo, ya que los de la limpieza tienen que pasar el suelo. 

—Bien, bien. Eva pon mas adornos por este lado —me dice. 

Yo suspiro. 

—Muy bien —repite. 

No me puede importar menos un puñetero árbol, que dentro de un mes tendremos que desmontar. Una perdida total de tiempo. 

Después se va a la entrada y agarra el micrófono. Escuchamos un pitido que nos taladra los oídos. 

—El viernes tenemos la cena de empresa. Habrá karaoke y bebidas gratis para todos.

Los demás aplauden. 

—Además os tiene que llegar a casa la cesta de navidad. 

Oigo vítores. Que patético. 

Seguro que la cesta contiene una lata de jamón, una de sopa Campbell’s de tomate, una bolsa de Cheetos, queso apestoso y vino barato. Lo estoy viendo.

Cuando voy de camino a casa me fijo en las luces, han puesto millones por las farolas e iluminado las calles. Pero lo que iluminan es a un grupo de sin techo que están semi escondidos en un callejón calentados en una hoguera que han hecho en un cubo. Que época del año tan bonita, pienso con ironía. 

Cuando llego a casa mi madre está colocando en árbol de navidad en la entrada, más bien, le está ordenando a la chica que viene a limpiar que es lo que tiene que hacer mientras ella está sentada tomándose un cóctel. 

—Hola hija, que tarde llegas hoy.

—Hemos estado decorando el súper. 

—Tendré que ir a ver la chapuza un día de estos. 

—Claro. 

—Tienes muy mala cara ¿estás enferma?

—He comido demasiado chocolate —miento. 

—No vomites en la alfombra. 

Cuando entro en mi dormitorio siento como si el mundo se me cayera encima. Quiero que me guste todo esto, quiero ser feliz como los demás, solo viendo las luces encendidas o los adornos, escuchando villancicos y comiendo como si no hubiera un mañana. Pero no puedo, no soy así y nunca lo seré y tengo que aceptarlo de una vez por todas. 

Todavía no he averiguado que es lo que me hace feliz, si es que hay algo. Seguro que si, tiene que haberlo y quiero averiguar que es. Sé que hablar de tonterías como Pluma Blanca me hace feliz, o quizá solo me entretiene, aunque ¿no es lo mismo? 

El caso es que, a pesar de haber hablado ya de la felicidad, de que es lo que significa, de que es lo que hace felices a la gente, todavía no se lo que es para mi. Ya que no es lo mismo para todo el mundo, aunque hay cosas que son universales: salud, dinero, amor. Si tienes todo eso es mas probable que seas feliz (Cuanto mas, mejor), sin embargo, no siempre es así. 

No sé si yo era mas feliz antes, cuando no sabía que era la amistad, ni sentía esas cosquillas cada vez que veía a alguien. Al menos tenía algo mas de paz mental. Quizá la felicidad sea eso. No pensar si eres feliz o no, no darle vueltas al asunto, no buscar lo que te hace feliz. Simplemente serlo con lo que tienes, aunque a veces no sea fácil.

¿Quién dijo que ser feliz era sencillo?

El día de la cena recibo un mensaje emocionado de Pluma Blanca:

“¿Qué te vas a poner para la cena?”

“¿Importa?”

“¡Pues claro!, tienes que estar deslumbrante”

“Ya hay demasiadas luces”

“Vamos, Bateman estará ahí todo guapo y reluciente. Como un árbol de navidad recién colocado”

“¿Y? Está ahí cada día” 

“Al menos te habrás duchado”

“No, y voy llevar la ropa mas vieja y sucia que pueda encontrar”

“¿La que le robaste a ese vagabundo?” Y emojis de risas. 

Que conste que nunca le he robado nada a ningún vagabundo. 

“Dará igual lo que lleves, le gustas y le seguirás gustando aunque no te hayas bañado en un mes”

“Lo dudo” respondo. 

No quiero gustarle y tampoco quiero que él me guste ¿por qué las cosas no pueden ser mas sencillas? Yo era feliz antes, sin nadie que me atrajera, sin esas mariposas en el estómago, sin tener que disimular mis sentimientos, sin sentirme insegura cada segundo de cada día. 

Bueno, no era feliz, pero tampoco lo soy ahora. Algo sí. A veces. 

Supongo que como la gran mayoría de la humanidad. No quiero volver a ponerme filosófica. 

“No quiero gustarle” escribo después de estar un rato mirando mi armario lleno de ropa vieja y desgastada. El tipo de ropa que a mi me gusta. La ropa que me representa, mi armadura para este mundo cruel e injusto. 

“Pues se mas tu misma que nunca jajaja”

“Lo malo es que eso es lo que le gusta” 

“Igual le va el sado”

“Seguro que si, aunque deberías preguntárselo” 

“No te quepa duda de que lo haré” 

“No quiero estar allí para verlo” 

“Quiero ver su cara cuando se lo pregunte. Nos vemos en un rato guapa, tengo que prepararme. Y tu deberías hacer lo mismo, seguro que han puesto muérdago en el restaurante. Y quieres besarle (para tu información, yo también)”

Acaba con una sonrisita. 

Después recibo un mensaje de Friki, quien se va a pasar toda la noche en la gasolinera:

“Por unas navidades apocalípticas” y luego un gif de Rick de ‘The Walking Dead’. Yo le respondo con un gif del Grinch. Nos comunicamos así ahora. No nos hace falta ni hablar. 

Estoy escuchando el programa de radio de el colgao, cuelga los episodios en su pagina web todas las semanas y los comentarios de la gente son la monda. Tiene muchos admiradores, pero muchos mas odiadores. Se montan muchos pollos, siempre están discutiendo. 

Hoy está hablando de que Jesucristo era un extraterrestre que vino a enseñarnos como vivir en armonía con el universo y con nosotros mismos, antes de que fuera demasiado tarde para la humanidad. El gobierno le mató para callarle y lo único que consiguieron fue que la gente creara una religión en su nombre con sus enseñanzas de amor al prójimo y a nuestro hogar. Según él, la Virgen María también era de otro planeta y se la llevaron en una nave cuando su misión en la tierra terminó. 

A pesar de que parece una locura lo que dice, tiene sentido. Los ángeles deben de ser también extraterrestres. Me río al pensar de que decoramos todo con aliens para celebrar la navidad. 

Decido hacer algo que no he hecho en mi vida y que no creo que repita, me pongo un vestido. Si, uno que me dio mi madre cuando hizo limpieza de armario y como no le quedaba bien, me lo pasó a mi después de arreglarlo. El único detalle que ha tenido en su vida. Lo hizo por que es un vestido negro de Yves Saint Laurent, sea lo que sea eso y no quería venderlo, ni donarlo, ni dejarlo en el armario muerto de risa. Así que me lo pasó a mi. Y a mi me queda bien ¡Chúpate esa! No le dije eso cuando me lo probé, sin embargo, su cara era un poema, no pudo disimular que no tenía nada malo que decirme, así que me dijo que no era mi estilo y que tuviera cuidado cuando me lo pusiera, que era muy caro. 

Reconozco que me gusta, es sencillo y aunque enseño mucha pierna y tengo que depilarme (podría no hacerlo, pero luego no quiero que hablen de mi en el trabajo) es muy cómodo. 

La hipocresía. 

Me refiero a la mía. 

Me maquillo y me aliso el pelo encrespado de rata de alcantarilla que llevo últimamente. Me he puesto algo de corrector para tapar mis ojeras de zombie trasnochado, aunque ese color morado oscuro es imposible de disimular ni con diez kilos de maquillaje. No me acuerdo que iba después, así que me pongo un poco de colorete, o lo que creía que era poco puesto que parezco un payaso. Así que me lo quito y me lo vuelvo a poner. Luego la maldita máscara de pestañas, no se como nadie aguanta eso, me pesan los ojos, aunque eso me hace tener una mirada mas soñadora, no mas bien, de puesta hasta arriba. Por último me pongo la barra de labios que me dio Karina, que dijo que era mi color ideal o algo así, pero yo me siento como un circo andante así que me la quito con papel higiénico y me pongo un poco de brillo. Mejor. No tengo que impresionar a nadie. Es mas, cuanto menos gente me mire, mejor. 

Mi madre alucina cuando me ve. 

—Van a creer que eres guapa y todo —Me suelta. 

Mi padre hace un ruido extraño, está viendo un partido en la tele y ni siquiera me mira. 

—Si te arreglaras mas a menudo y sonrieras, enseñaras tus bonitos dientes Dios te bendeciría con un buen novio. 

Mi madre está como una cabra. No necesito arreglar nada. Y menos contribuir a la industria de la belleza, esa que se nutre de nuestra inseguridades mostrando modelos quinceañeras a las que retocan para parecer todavía mas perfectas, y que te quieren vender cremas ‘Anti-edad’, como si cumplir años fuera mas una maldición que un milagro. Como si tener una piel flácida, arrugada o cubierta de manchas fuera lo mas horrible que te pueda pasar en la vida. Como si tener canas te hiciera una especie de monstruo decrépito. 

No pienso formar parte de ese circo de juventud y belleza eternas a la que pertenecen las celebridades de Hollywood, los presentadores de televisión, las socialités que no hacen nada mas que posar y gente como mi madre, que parece un muñeco ventrílocuo que no puede mover la cara y siempre está sorprendida o riéndose de algo. 

Me niego en rotundo a intentar ser guapa para atraer a un tío. Vomito solo de pensarlo. 

Ni siquiera te dejan en paz en navidad. 

Siempre con esos propósitos de mierda de año nuevo: ir al gimnasio y ponerse en forma (¿qué mierda es ésta?); conseguir pareja (¿seguimos así? Como si tener pareja te hiciera mas aceptable socialmente y tuvieras que conseguirla como si se tratara de algo y no de una persona); ser mas sociable (eso es para la gente como yo, pero no lo van a lograr); aprender algo nuevo (¿mandar a la mierda en otro idioma cuenta?) Y otras mierdas de propósitos que solo hacen que la gente se deprima cuando no los ha alcanzado, por que parece ser que la vida se trata de conseguir cosas, materiales o no, parece que estamos en una competición constante a ver quien es el mas guapo, quien tiene mas éxito, mas dinero, mas seguidores, mas fama, mas novios, mas amigos, la casa mas grande, el coche mas caro. 

¿Queremos seguir perpetuando esto? Yo no. 

Quieres ser feliz con lo que tienes, pero no puedes, no te dejan, por que si te conformas, no eres mas que un fracaso. Un conformista. Y en esta vida hay que tener ambición y querer mas y mas. Ser el mejor ¿en qué? En lo que sea. Da igual. Tienes que ser el mejor en algo. Destacar entre todos los demás. 

Igual yo soy la mejor fracasando. O soy la que sabe poner mejor cara de amargada. Lo malo les que eso no cuenta. Tiene que ser algo guay. 

Vale que yo nunca he sido feliz con lo que tenía, pero no tiene nada que ver. Debe ser que hay algunos químicos en mi cerebro que están desestabilizados o algo así. No se como funciona y no me interesa. 

El caso es que pienso en todo esto mientras me dirijo al coche de Pluma Blanca, me está esperando fuera y veo por el rabillo del ojo a mi madre en la ventana. El árbol de navidad se ve desde la calle. Me da vergüenza. Es enorme. Creo que si estuviera en el jardín se vería desde Marte. Y entonces, los marcianos no tendrían mas remedio que venir a cargarse con rayos láser a la gente de este planeta ¡Feliz Navidad terrícolas! ¡Nos encargaremos de vosotros antes de que os carguéis del todo este planeta! 

—Vaya, vaya —Me dice cuando abro la puerta —¿Ese vestido es por un tal yuppie psicópata la mar de atractivo y sexy? 

—No me visto para nadie mas que para mi misma ¿todavía no te has enterado de las mujeres no necesitamos un hombre para sentirnos completas y realizadas?

—Para eso ya tienes tu vibrador. 

—Mis vibradores —añado con un sonrisa pícara. 

—¿No te gustaría usar a Bateman como tu juguete sexual? 

No se si reír o pegarle en toda la jeta. Obviamente, no uso la violencia. Eso lo dejo para las películas, así que me río. 

—No le necesito. Ni para eso ni para nada. 

—Pero aún así te gusta. 

—Estás muy guapo está noche. Sabes que no vamos a la gala del MET ¿verdad?

Lleva un traje de terciopelo azul noche y una pajarita llena de brillantes, además se ha peinado el pelo hacia atrás y se ha puesto colorete y brillo de labios. 

—Deja a un chico soñar por una noche ¿y si conozco hoy al amor de mi vida? 

—¿En el Tixi? Lo dudo. No es un restaurante de categoría. De hecho es un lugar cutre, con comida mala y con un karaoke en la que la gente va a hacer el ridículo. 

—¿Y por qué ta has puesto un vestido de Yves Saint Laurent?

—¿Cómo sabes que…?

—Se nota, aunque parece que el vestido te lleva a ti y no al contrario. 

Pluma Blanca ha puesto otra vez a Lady Gaga, y estoy a punto de abrir la puerta y tirarme. Me da igual el puñetero vestido de diseñador que no se ni como se pronuncia. 

—No lo sé. Creo que debería volver a casa y cambiarme. 

—No vamos a volver. Quieres impresionar a Bateman ¿por qué no lo admites de una vez?

—¿Por qué tengo que admitir nada sea o no sea cierto? 

—Tienes razón, pero somos amigos, a mi me puedes contar lo que sea. 

—Quita esta puta música. 

—¿Estás de coña? Lady Gaga me ayuda a tener confianza y querer ser una mejor versión de mi mismo.

—Eso no son mas que gilipolleces. 

—Voy a poner otro tema. Uno que me da energía y amor propio.

Suena ‘Roar’ de Katy Perry y yo quiero arrancarme las orejas. Se pone a cantar a pleno pulmón. Lo está viviendo. Pone caretos y quiere que cante con él, pero no me se la letra y no quiero saberla. Escucharla ya está siendo un suplicio para mis oídos. 

—No pienso poner tu música sacada del infierno. Esa que te lleva al suicido o a querer sacrificar bebés en una ceremonia satánica. 

—Preferiría estar haciendo eso que yendo a esa estúpida cena de navidad. 

—Van a regalarnos una cesta con productos del super ¿la has recibido ya?

—¡Que generosos! —añado con sarcasmo —No, no la he recibido. Y por mi que se extravíe en correos. 

Me importa una mierda la mierda de cesta con champán barato y unos bombones asquerosos que nadie compra. 

—Será muy divertido ya verás. No te arrepentirás de haber ido, si no ¿qué estarías haciendo ahora? 

—¿Adorando a Satán? 

—¿Lo ves? ¡Que aburrido! 

Paramos delante de una mansión que parece sacada de Beverly Hills, con sus columnas blancas todas decoradas con luces navideñas, unos árboles con luces psicodélicas que te hipnotizan y te llevan a cometer crímenes atroces, unos renos tamaño natural que se mueven, un Papa Noël gigante que te saluda y grita ‘Ho, ho, ho’ y una máquina de nieve falsa como decoración.

Continuará…


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