La ausencia | Cuentos breves #22 | Aran Maza

Publicado por Aran en

Nuevo cuento breve, ya el número 22. En esta ocasión quería hacer algo diferente, ya que he estado escribiendo sobre todo misterio y ciencia ficción, he decidido que era hora de escribir algo más dramático. 

Cuentos breves #22: La ausencia

Espero que te guste y que me comentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

La ausencia

La estuve llamando por teléfono toda la mañana. No cogía, algo raro en ella, así que me preocupé y me fui con el coche hasta su casa. Llamé a la puerta pero no respondió, miré a través de las ventanas y aquello estaba oscuro Su coche tampoco estaba, ese que le regalé cuando cumplió los dieciocho y se acababa de graduar en el instituto. Es un coche viejo pero funcional. A ella le encanta. Le encantaba.

Pensé que igual estaba en el trabajo, a pesar de que me había comentado hacía un par de días que se iba a tomar la semana libre. Me dirigí hacía allí. Ella trabajaba en una pequeña inmobiliaria en el centro en la que empezó justo después de terminar la carrera. No era su trabajo ideal pero al menos ganaba lo suficiente para vivir de manera independiente, para tener su propia vida.

Cuando entré reconocí a una de sus compañeras y le pregunté por mi hija. Me dijo que no la había visto desde el viernes, supuso que estaría en casa ya que tenía la semana libre. Había hecho muy buenas ventas ese mes. Le di las gracias y me fui con el corazón en un puño.

Seguía sin coger el teléfono y me dieron ganas de lanzar el mío contra un escaparate.

Me acordé de la cafetería a la que le gustaba ir después del trabajo y me dirigí hacía allí.

A esas horas el lugar estaba desierto, solo un par de parroquianos ocupaban su lugar en la barra y bebían café a litros.

Le pregunté a la camarera si había visto a mi hija pero me dijo lo mismo que su compañera, que la vio el viernes por última vez. Le pregunté si estaba bien y ella me dijo que le parecía que sí, que se sentó en la misma mesa de siempre y pidió un café con un trozo de tarta de lima mientras leía un libro. Eso me cuadraba.

Salí de allí y entonces lo vi. Su coche. Estaba aparcado al otro lado de la calle. Me dirigí corriendo hacía él con el corazón acelerado. Casi me atropella un coche en el camino pero no me importó.

Coloqué las manos entre mis ojos y las puse sobre la ventanilla, ella no estaba allí pero su bolso sí. La volví a llamar, algo vibró dentro y vi la luz del teléfono sobre el salpicadero.

Quería gritar. Quería golpear algo. Miré a mi alrededor por si ella estaba por ahí. Recorrí la calle y entré en todas las tiendas, buscándola, preguntando por ella. No estaba allí y nadie la había visto.

No conocía a sus amigos así que no sabía si podía estar en casa de alguno de ellos, me senté en un banco desde dónde veía el coche, igual ella se había dejado olvidadas sus cosas y en algún momento volvería a por ellas.

No sé cuanto tiempo estuve esperado, pero alguien debió de llamar a la policía y cuando ya estaba oscureciendo aparecieron dos agentes. Les expliqué lo que estaba pasando y me acompañaron a la comisaría para que pusiera una denuncia. Creí que me detendrían pero no pasó, les enseñé una foto reciente de mi hija y les expliqué que hablábamos todos los días pero que este fin de semana había estado muy ocupado y no había podido hablar con ella.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado? —. Preguntó la mujer. El bar estaba casi vacío, los únicos que estaban en la barra éramos aquella mujer y yo.

— Seis años. Ahora mi niña tendría treinta.

— Lo siento mucho ¿Se sabe lo que le pasó?

Negué con la cabeza. Habían interrogado a todos sus amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Habían comprobado sus últimas llamadas y mensajes, los movimientos de su tarjeta de crédito. Nada desde aquel viernes. No había testigos. Se había esfumado de la faz de la tierra. Pero yo no me daba por vencido.

No sabía cuántas veces había contado la misma historia a todo aquel que quisiera escuchar, en cuántos bares. Ya ni siquiera me salían las lágrimas, había pasado mucho tiempo. Llevaba buscándola seis años, recorriendo el país con su fotografía, enseñándosela a extraños. Contar mi historia era lo único que hacía un poco más ligero el dolor de su ausencia.

Fin

Si te ha gustado el cuento y quieres contribuir te estaría muy agradecida. Si no quieres o no puedes, puedes compartirlo en las redes sociales ¡Muchas gracias!


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