Más allá de los charcos | Cuento breve #17

Publicado por Aran en

Semana 17 del año y cuento breve número 17. En este caso quería que tuviera 500 palabras exactas, ni una más ni una menos. El cuento de la semana pasada tenía 300 palabras y quería retarme otra vez con el número de palabras.
He estado teniendo problemas con WordPress, todavía no me deja guardar las entradas, no me deja subir fotos y no puedo cambiar algunas cosas. Espero que se solucione pronto.
Espero que te guste el relato de hoy ¡Muchas gracias por leerme!

Más allá de los charcos

Iba caminando por la calle, era un día como otro cualquiera. La noche anterior había caído una tormenta que nos había dejado sin electricidad durante horas pero por la mañana todo había vuelto a la normalidad.

Yo me dirigía hacia el trabajo como cada amanecer. El suelo estaba cubierto de charcos y los iba esquivando, olvidando cómo me gustaba pisarlos cuando era niña.

No noté nada extraño hasta que pasé por delante de uno enorme que se encontraba al lado de la catedral. Al principio creí que se trataba de una ilusión óptica provocada por el reflejo de la luz en el agua.

Miré a mi alrededor y vi a unas pocas personas caminando por la plaza, dirigiéndose a sus trabajos o clases. Nadie parecía verlo. Solo yo.

Me acerqué procurando no tocar el agua, pues temía que me tragara.

En el charco no se reflejaba la catedral. En él se podía ver un edificio de estilo griego, con columnas y cariátides. Y eso no era lo más extraño. También se reflejaba una luna menguante y miles de estrellas.

Miré hacía arriba, y vi nubes en un cielo azul y rosado sobre la piedra blanca de la catedral. Miré hacia abajo y vi aquel templo rodeado de columnas cubierto de un cielo nocturno.

Caminé un poco mas y en otro charco vi reflejado un bosque, habían clavado algunas antorchas al suelo y pude ver que había alguien al otro lado. Pegué un salto hacía atrás, asustada y me choqué con un hombre bien vestido que me miró como si estuviera loca. Quería preguntarle si él también lo veía pero se alejó con prisa.

En otro de los charcos había un cielo estrellado.

En otro vi un pequeño templo cubierto de hiedra.

Más allá había otro con una calle empedrada y casas de aspecto medieval. No sabía si se trataba del mismo lugar o los charcos reflejaban sitios diferentes. Por qué estaba claro que no estaban reflejando mi ciudad.

Me resultaba extraño que la gente pasara de largo sin darse cuenta de lo que tenían a sus pies. Una niña pequeña estaba observando uno de los charcos mientras esperaba el autobús con su madre. Parecía muy concentrada mirando para abajo y luego para arriba.

Me acerqué a ella y miré lo que estaba viendo. En el charco se reflejaba un edificio antiguo, parecido al primer templo que había visto, pero en este caso era más pequeño y tenía escaleras. También era de noche.

— ¿Lo ves? — le pregunté.

Ella me miró asombrada y asintió con la cabeza hasta que su madre la apartó disimuladamente de mí. Pero al menos yo no era la única. Seguramente más gente lo vería si no estuvieran mirando a otro lado ¿Nos verían también a nosotros los del otro lado?

Decidí probar y salí corriendo para saltar sobre uno de los enormes charcos que había en el parque y que reflejaba una torre cubierta de hiedra.

Cerré los ojos y me dejé llevar hasta el otro lado.


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