Cuentos por entregas | Maldito Karma #1

Publicado por Aran en

Para mi primer Cuentos por entregas he decidio utilizar uno que escribí en agosto del año 2010 y utilicé para un concurso de la plataforma Bubok. Fue la primera vez que participaba en un concurso de relatos y estaba muy nerviosa. No gané pero he vuelto a leer ahora el relato después de siete años y la verdad es que, aunque es mejorable y cambiaría algunas cosas, me gusta. Por ese motivo lo he escogido para ser el primero de la sección Cuentos por entregas, procuraré publicar de vez en cuando pero ahora estoy escribiendo mi tercera novela y no se voy a tener inspiración.
Aquí os lo dejo, y la semana que viene publicaré la segunda parte. Espero que lo disfrutéis y me contéis que os parece. Muchas gracias por leerme.

Maldito Karma 1 - Cuentos por entregas | Maldito Karma #1

Maldito Karma

Salí del coche con calma, a pesar de que del motor manaba un humo negruzco que no presagiaba nada bueno. Desde que me marché de casa hacía cinco horas nada me salió como estaba planeado. Me había quedado dormida y no me fui hasta después de las doce, cuando pretendía llegar pronto a mi destino, así que tomé un desvío que finalmente me costó una hora de viaje. Y creía que el viaje no podía ir peor. Con ese humo negro saliendo del motor no me atreví a continuar, pero afortunadamente encontré un área de servicio perdida en medio del bosque. Se trataba de un sitio relativamente moderno aunque algo destartalado, un coche viejo y sucio, cubierto de una gruesa capa de polvo marrón descansaba a la entrada, tapacubos y otros materiales para coches yacían desperdigados por el suelo o descansaban sobre la pared desconchada. No era un lugar muy agradable pero tampoco estaba mal para ser una gasolinera, además de que era el único punto donde poder descansar y repostar después de un largo viaje. Nada más aparcar, un chico con mono de mecánico se acercó a mí. Tenía buen aspecto y no dejaba de mostrar sus perfectos y blancos dientes con su sonrisa, eso me hizo sonreír varias veces, como una estúpida.

— Buenas tardes — le dije al salir del coche.

— Buenas tardes — respondió con amabilidad.

— Verá no sé qué le pasa al coche. Sale un humo negro del motor.

— Se lo arreglaré, aunque no sé cuánto tiempo voy a tardar ¿Tiene mucha prisa?

— No, no. Estoy de vacaciones, iba de camino a Villa del Agua.

Mientras él arreglaba el automóvil aproveché para estirar las piernas y observar el paisaje que se abría a nuestro alrededor: enormes y verdes árboles se alzaban como rascacielos. Inspiré el aire fresco y limpio y me alegré de haber emprendido el viaje, a pesar de haber empezado con mal pie. Fui a refrescarme al baño, estaba extrañamente limpio, las paredes blancas brillaban tanto que me reflejaba en ellas y olía a lejía, se notaba que lo habían limpiado a conciencia. Supongo que el chico no tendrá mucho que hacer en este lugar olvidado del mundo, no deben pasar muchos coches por aquí. Entonces ocurrió algo que no me esperaba, cuando me acerqué a ver qué tal iba el chico, vi que se estaba fumando un cigarrillo.

— Disculpa ¿Qué le pasa al coche?

— Todavía no lo sé, no lo he mirado – dijo sonriendo, luego dio una calada, mirando al infinito.

— ¿Cómo? ¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo? – pregunté indignada.

— ¿Adónde ha dicho que iba? ¿A Villa del Agua?

— ¿Qué importancia tiene eso? Arrégleme el coche, no tengo todo el día.

— Es un sitio precioso, muy tranquilo. Perfecto para pasar unos días de vacaciones.

— Me largo de aquí — dije sin pensar. Solo quería alejarme de ese extraño y sonriente tipo.

— ¿Cómo? ¿Andando? Ese trasto no funciona. No iras muy lejos, el pueblo más próximo está a unos ochenta kilómetros en coche – afirmó sin dejar de sonreír.

Su sonrisa y su mirada me produjeron un escalofrío. Me alejé de allí para llamar por teléfono pero no había cobertura “¡Mierda!” dije para mis adentros. El tipo me observaba divertido mientras yo pensaba que es lo que podía hacer.

Esto no me podía estar pasando a mí, cosas así solo suceden en los libros y en las películas. Debía haberme quedado dormida, no, esto no eraningún sueño. La realidad me empujó al abismo y empecé a sentirme mal, me temblaba todo el cuerpo y la cabeza me iba a estallar, tenía los ojos llorosos y ganas de vomitar. Recé como nunca lo había hecho para que apareciera otro coche y que en ese coche fuera una persona normal. Estaba empezando a anochecer cuando ocurrió otra cosa que me sorprendió, el capullo sonriente se acercó a mí y se sentó a mi lado. Me dieron ganas de darle una ostia en toda la cara para que dejara de mostrar esa sonrisa bobalicona.

— No tienes muy buena cara — me dijo con su voz dulce y amable.

— Quiero irme de aquí.

— Vete cuando quieras ¿Qué es lo que te retiene aquí?

— ¿Vas…vas a arreglarme el coche? — El hombre tardó en responder, llevaba una botella de cerveza en la mano y bebió un sorbo antes de decir nada.

— No puedes ir allí, te lo arreglaré si me prometes que no irás.

— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué es lo que ocurre?

— Prométemelo y en un rato te podrás ir.

— Joder, el maldito coche. Jamás me tendría que haber parado aquí. — Pensé en voz alta. Luego me arrepentí de lo que había dicho. Lo último que quería era cabrearle.

— Por lo que veo, prefieres quedarte aquí. — El chico se levantó.

— No, no. Te prometo que no iré. Me miró a los ojos y todavía me inquieté más. Él se levantó y se disponía a marcharse cuando se dio la vuelta.

— No sé por qué, pero no te creo.

— ¿Qué? Te lo he prometido.

— Bueno, es que he cambiado de opinión.

— ¿Cómo?

— Lo de antes, lo de antes…era…era una broma. — Confesó con su dulce sonrisa. Suspiré aliviada cuando el chico se puso a reír como un histérico, entonces yo también me empecé a reír. No entendía nada.

— Pues no ha tenido ninguna gracia. Ninguna. Me has asustado ¿Ya me has arreglado el coche? — Pregunté inocentemente, respirando hondo y aún algo nerviosa por la maldita broma pesada que me había gastado.

Mientras me dirigía a donde tenía el vehículo estacionado, en mi mente solo veía mi casa de veraneo, la playa y día tranquilos sin hacer nada. Se me pasó por la cabeza que no era ninguna broma pero pensé que el chico estaba aburrido y le gustaba hacer ese tipo de cosas con la gente que se cruzaba en su camino y luego les dejaba marchar como si nada – ¿Qué es lo que le ocurría? ¡Ah! y cuanto te debo por el arreglo, por supuesto.

— Veo que no me has entendido.

— ¿Qué es lo que no he entendido?

— No vas a ir a ninguna parte — dijo sin pestañear. Lo dijo con una voz que sonaba diferente, ya no era ninguna broma. Tampoco le hizo falta decir mucho, ya que sus ojos lo decían todo, un brillo intenso le cruzó la mirada y en ningún momento dejó de sonreír, incluso sus dientes me parecieron más brillantes y su sonrisa más ancha. Me había topado con el único psicópata en cien kilómetros a la redonda. Había ido a parar al infierno.

Continuará…

Imagen vía Pixabay


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