Truco o trato | Cuentos breves #33

Publicado por Aran en

Espero que te guste y que me comentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

Truco o trato: Cuentos breves #33
Photo by Beth Teutschmann on Unsplash
Truco o trato

‘Solo por esta noche, solo una noche’, se dijo antes de tocar el timbre. Los padres del niño al que cuidaba de vez en cuando aparecieron vestidos de fiesta, no para una terrorífica como cabía esperar por la noche que era, si no una elegante. 

—Pasa Gemma, pasa —le dijo el padre. 

Gemma pasó a la casa en la que ya había estado muchas veces cuidando del mocoso. Siempre se ponía enfermo y acababa pegándoselo. 

—Martín está muy malito —añadió la madre. —Esta noche no puede comer dulces ni ver ninguna película de miedo. Le hemos dado de cenar y en media hora tiene que estar en la cama. 

—Por supuesto — respondió Gemma. 

—El teléfono del restaurante está pegado a la nevera, si necesitas algo, llámanos ahí. Come lo que quieras, tenemos muchos dulces para los niños que llamen a la puerta, aunque no sé si vendrán por que este año no hemos decorado el jardín. No hemos tenido tiempo. 

—Está bien. No creo que haya ningún problema, Martín siempre se porta muy bien. 

—Es un niño muy bueno y educado. Estamos orgullosos de su educación — añadió el padre. 

Los padres se despidieron y Gemma subió a ver a Martín. Estaba metido en la cama y tenía muy mala cara. Se preguntó por que le habrían dejado al cuidado de una niñera si se encontraba tan mal. 

—¿Cómo estás mocoso? —le preguntó en tono cariñoso. 

—Llevo todo el día fatal, creo que me estoy muriendo. 

—Pues esta noche te convertirás en un zombie. Uuuhh ¿No te gustaría?

—No tientes a la suerte.

Martín era un niño muy listo y poco bromista, se tomaba todo muy en serio y a la tremenda, seguro que no era para tanto. 

—Duérmete anda, quizá así te recuperes y dejes de ser un muerto viviente. Yo estaré abajo comiéndome todos los dulces.

—No te empaches. 

—No lo haré —respondió en la puerta, apagó la luz y la dejó entornada, para escucharle si necesitaba algo. 

Se sentó en el sofá del salón con un paquete de palomitas y unas chocolatinas, en la tele daban una de ‘Halloween’ y se quedó viendo como Michael Myers se llevaba a todos por delante. 

A las doce sonó el reloj de la entrada y Gemma se sobresaltó, se había quedado dormida. La casa estaba totalmente a oscuras y en silencio. La televisión apagada. 

Gemma dio un grito cuando vio una figura al lado de la ventana.

—Shhh —era Martín —no hagas ruido o podrán oírnos.

—¿Quienes?¿Qué está pasando?

—He tenido que apagar las luces y la tele, si no se acercarán. Aunque creo que ya saben que estamos aquí. Nos huelen. 

—¿De qué estás hablando Martín?¿Es una broma?Porque no me hace ninguna gracia. 

—¿Quieres hablar más bajo?No es ninguna broma, es real. Mira —añadió señalando la ventana.

Ella se acercó y corrió la cortina levemente. Por la calle oscura había un grupo de niños disfrazados de bruja, vampiro, hombre lobo, zombie y fantasma. 

—¿Qué tiene de raro? Son solo niños disfrazados pidiendo ‘Truco o trato’.

—No son lo que parecen. A mi no me harán nada porque soy un niño pero a ti…

—¿A qué te refieres?¿Qué son?¿Qué me harán? ¿Cómo sabes todo eso?

—Mierda, se están acercando. He cerrado las puertas pero será mejor que no nos vean. 

Escucharon el timbre de la puerta y luego unas voces canturreando ‘¡Truco o trato!’. Ellos se agacharon y vieron una figura acercarse a la ventana, un vampiro.

Ambos se encogieron de miedo y se colocaron tras el sofá. 

—¡Sabemos que estáis ahí!¡Olemos vuestra sangre!¡Dejadnos entrar! —dijo el niño vampiro y luego comenzó a reír como un malvado de las películas.

Martín cogió la mano de Gemma y se fueron a la cocina, al entrar vieron a través de la ventana una figura con una careta de hombre lobo. Gemma gritó. 

—¡Llamaré a la policía si no os vais ahora mismo! 

—Buena suerte con eso —dijo una voz tras la puerta de la cocina. 

Gemma cogió el teléfono que colgaba al lado de la nevera. Comunicaba. 

—¡Mierda! —exclamó. Después respiró hondo y se dijo que tan solo se trataba de chavales bromistas, nada más. 

Cogió otra vez a Martín de la mano, parecía más pequeño y temblaba. 

—Os daré todos los dulces si os marcháis.

Uno de los niños rió con fuerza y luego intentó abrir la puerta de la cocina. El hombre lobo había desaparecido de su vista. 

—¡No queremos los dulces! ¡Nos llevaremos a Martin y a ti te dejaremos en paz! si nos dejas pasar. 

—Entraremos igualmente, y será peor para vosotros —añadió otra voz. 

Ella miró al pequeño que negaba con la cabeza. 

—¡¿Quienes sois?!

Escuchó ruidos en el salón y abrazó al niño. Después bajó con él en brazos las escaleras del sótano, cerrando la puerta tras de sí.

El lugar era húmedo y oscuro y estaba lleno de herramientas que el padre de Martín no había tocado en años. Dejó a Martín detrás del sofá y cogió un destornillador. En la pequeña ventana apareció la cara de un bruja y Gemma se apartó de un salto. La bruja rió. 

—¡Solo queremos jugar con él!¡Y ahora contigo también! —gritó con una voz estridente de niña. 

Gemma podía escuchar a Martín llorando tras el sofá, el pequeño se había hecho pis encima. Le abrazó, estaba temblando pero no podían hacer otra cosa más que esperar. Esperar a que todo terminase de un modo u otro. 

Se escuchó un estruendo de cristales en la parte de arriba y después llamaron a la puerta del sótano, habían logrado entrar. 

—¡Truco o trato! —dijeron todos al unísono. 

La puerta se abrió lentamente, chirriando y Gemma contempló horrorizada como unos pies bajaban las sucias escaleras, pies de niños. Niños pequeños. Niños que no paraban de decir ‘Truco o trato’. 

Fin


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