La marca de la bestia | Cuentos breves #26

Publicado por Aran en

Mitad de año y mi vigésimo sexto cuento breve. Un cuento muy breve y que transcurre en algún punto de la Edad Media, pero podéis imaginarlo en cualquier época.

Espero que te guste y que me comentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

Cuentos breves 26: La marca de la bestia
Photo by Luca Bravo on Unsplash
La marca de la bestia

Era noche cerrada cuando todo ocurrió. La luna llena brillaba en el cielo, vigilante. Un extraño ruido en el exterior les despertó de su profundo sueño. Después escucharon un grito a lo lejos, en el bosque.  

La chimenea estaba apagada. A pesar de estar en pleno verano, allí, en medio del bosque, podían bajar mucho las temperaturas. 

Después del grito alguien llamó a la puerta, los dos se miraron y ella se tocó su hinchada barriga. 

Fuera, la misteriosa presencia seguía golpeando la puerta de madera, rogaba que la dejaran entrar. Era una mujer. 

El cogió el hacha y se colocó delante de su esposa. Abrió lentamente la puerta y ante ellos apareció una joven vestida de blanco, con su vestido todo cubierto de sangre.

— La bestia ha vuelto —.Les dijo con los ojos cubiertos de lágrimas —. Y ha salido a cazar. 

La dejaron pasar, estaba temblando y le colocaron una piel sobre los hombros. 

El hombre, silencioso, encendió la chimenea. 

No habían tenido noticias de la bestia desde hacía muchos años. Un día, simplemente desapareció, dejó de atacar. En la aldea lo celebraron al año siguiente, cuando se dieron cuenta de que ningún joven había vuelto a desaparecer. Este año también lo habían celebrado, los jóvenes salían a bailar en la plaza y se quedaban hasta tarde. Después volvían a sus casas o a las granjas sin miedo a ser atacados por la bestia. Que siempre lo hacía las noches de luna llena. 

— ¿Dónde te atacó? — Preguntó la mujer. 

— Al lado del río, cuando volvía a casa después del baile. 

— ¿Estabas sola?

Ella negó con la cabeza y comenzó a llorar. 

— Toda esta sangre no es mía. 

A lo lejos escucharon otro grito. Se les puso la piel de gallina. 

— Saldré a por ella —. Dijo el hombre.

— No, por favor, es muy peligroso —. Rogó su esposa. 

— Hay mucha luz. Tenemos que aprovechar. Iré a buscar algunos hombres antes de internarme en lo profundo del bosque. 

— Ten mucho cuidado.

— No salgáis de aquí, ni habraís la puerta a nadie —. Ordenó. 

Se despidió de su esposa con un beso y salió sin mirar atrás. 

La mujer cerró la puerta y se santiguó. 

Encontró al granjero durmiendo en el granero y fueron en busca de otros hombres. Juntos eran más fuertes. 

Encontraron el cuerpo del joven varios kilómetros al sur, en la orilla. El río lo había arrastrado hasta allí.Uno de los hombres lo examinó.

— No son marcas de garras —. Dijo acercando un candil al cuerpo. 

— ¿Cómo? — Preguntó el esposo, extrañado y sorprendido. 

— Este joven ha sido acuchillado. No hay marcas de garras ni mordiscos. No ha sido la bestia. Este crimen es obra humana. 

Un escalofrío le recorrió el cuerpo y entonces lo supo, el marido salió corriendo hasta su casa y cuando llegó la puerta estaba abierta. El lugar estaba oscuro, vacío y silencioso, como una tumba. El hombre rompió el silencio con su grito cuando observó que en la puerta habían dibujado una marca con sangre. 

Era la marca de la bestia. 

Fin


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