La luna de la cosecha | Cuentos breves #30

Publicado por Aran en

Hoy, viernes 13 de 2019, es la Luna de la cosecha, un evento que ocurre cada año cuando la luna está más cerca del equinoccio de otoño.
Su nombre viene por que en diferentes culturas se hacen rituales para asegurarse de que las cosechas sean abundantes el resto del año.

La luna de la cosecha suele ser de mayor tamaño y su color varía, puede ser más amarillenta, rojiza y dorada. Aunque la diferencia con las otras lunas llenas del año es sutil.

Mi cuento breve de esta semana, el número 30, es de misterio, como los que me gusta escribir a mí y aunque transcurre durante la luna de la cosecha no tiene nada que ver con los rituales que se realizan durante esa noche.

La luna de la cosecha: Cuentos breves.
Photo by Rahul Bhosale on Unsplash

La luna de la cosecha

La luna se alzaba sobre la colina, expectante. Las últimas dos cosechas habían sido desastrosas y los campesinos habían estado rezando para que la cosecha de este año no se echara a perder por culpa de una torrencial lluvia, como había ocurrido el año pasado, o un de extraño gusano que se había comido toda la recolecta, como había pasado hacía dos años. 

Esta vez sabían lo que tenían que hacer. Pero la gran mayoría no estaba de acuerdo. 

La bruja lo había decidido. Había tenido un sueño donde veía sangre caer sobre la tierra, sangre inocente. 

El día de la luna de la cosecha todos se reunieron en la plaza, se oían susurros nerviosos mientras en alcalde se subía sobre la fuente para hablar. 

— Nuestros hijos se mueren, nuestro ganado se muere, muchos enferman. Si no hacemos algo esta noche todos moriremos de hambre. Este año nuestras cosechas tienen que salir adelante, si no ponemos remedio, no aguantaremos el invierno…

— ¡Pero la bruja habló de sangre! ¡Sangre inocente! ¡¿Qué significa eso?! — interrumpió una mujer del público. 

— ¡Si! ¡¿Qué es lo que significa?! — gritaron los demás al unísono. 

— ¡Calma! ¡Por favor! No habrá sangre. No lo permitiré — aclaró en alcalde. 

Los aldeanos se empezaron a apartar en cuanto vieron aparecer a la bruja. Iba toda vestida de blanco, del mismo color que sus largos cabellos.  

— ¡Sin sangre no habrá cosecha! — gritó la bruja — ¡Necesitamos un sacrificio! 

— ¡Pues sacrifiquémosla! — gritó un parroquiano y los demás le aplaudieron. 

Las bruja les miró con aquellos ojos transparentes y todos callaron. 

— ¿No podría haber otra forma? — preguntó el alcalde. 

— La tierra exige sangre. Sangre inocente. Sangre pura. 

— ¿Y quién se encargará de elegir al sacrificio? ¡¿Tú, bruja?! — preguntó una mujer, visiblemente agitada. 

— Ya ha sido elegido. Y no por mí. La propia tierra lo ha decidido. No hay otra forma. 

Un cuervo graznó a lo lejos, unas nubes negras cubrieron el sol, trayendo la noche al día. Todos pudieron sentir un frío glaciar. 

— Un niño ha sido elegido para ser el sacrificio de esta noche. Un niño de sangre pura e inocente. 

Todos se quedaron en silencio y se miraron los unos a los otros, horrorizados. 

— ¡Mi hijo no! — gritó una mujer y salió corriendo. 

— No te llevaras a mi niño, bruja — dijo un hombre y luego la escupió.

La gente comenzó a marcharse y cogían en brazos a sus hijos, que jugaban en la plaza ajenos a todo y se los llevaban a casa. 

— La ceremonia se celebrará esta noche, ya está decidido — avisó la bruja, pero apenas quedaba nadie en la plaza que la escuchara. 

Aquella noche nadie salió a celebrar la luna de la cosecha por primera vez en años, no hubo festejos, ni bailes, ni rituales. Solo el silencio. La gente cerró las puertas y las ventanas y permaneció en casa con sus niños a la vista, los dejaban durmiendo en sus regazos a la luz del fuego o con ellos en las camas de paja. 

La bruja salió antes de medianoche y se encontró con un pequeño sucio y delgaducho que se escondía tras unos arbustos. 

— Acércate pequeño — le dijo dulcemente. 

El niño se quedó en silencio, mirándola con sus enormes y brillantes ojos. 

— ¿Tienes hambre? ¿Dónde están tus padres?

El pequeño se encogió de hombros y respondió. 

— No lo sé. Se fueron después del mercado y no los he vuelto a ver. Tengo mucha hambre señora. 

— Está bien. Ven conmigo y te daré de comer. 

La bruja se llevó al niño a su casa y mientras caminaban hacía allí pasaron por delante del campo de trigo y el niño comenzó a sangrar de la nariz, las gotas cayeron sobre la tierra seca y ésta se la bebió. 

La bruja cogió al niño de la mano y cuando llegaron a la casa del bosque le limpió y le preparó la cena, después le dejó dormir al lado de la chimenea. Esa noche no hubo ceremonia, ni sacrificio, pero las cosechas fueron las mejores que habían tenido nunca. 

Fin


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