Imperio | Cuentos breves #27

Publicado por Aran en

Nuevo cuento breve, el número 27. Esta semana tampoco estaba inspirada ¡Que novedad! pero he vuelto a la ciencia ficción que escribí en ‘La cita‘, ‘Oasis‘ y en ‘Sueños patrocinados‘.

Me he inspirado en un artículo que leí sobre la decadencia de los centros comerciales en los Estados Unidos. Y luego he visto la última temporada de Stranger Things (que, por cierto, me ha encantado), en donde aparece un centro comercial que tiene mucho protagonismo en la historia.

Espero que te guste y que me cuentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

Cuento breve #27: Imperio
Photo by Robin Spielmann on Unsplash

Imperio

Aquel lugar había sido próspero, se notaba nada más entrar. El templo del consumismo, lo llamaban. Ahora no era más que el esqueleto de lo que había sido. Tiendas vacías como cáscaras, cristales rotos por todas partes, suciedad y polvo del desierto lo cubrían todo. Llevaba mucho tiempo vacío. 

Antes había sido considerado un imperio del dinero, de ahí el nombre, con todo tipo de tiendas de lujo, en donde podías comprar cualquier cosa que desearas, desde un androide asistente, una mascota exótica, un miembro biónico, una peluca de plumas de loro, o lo que pudieras soñar. 

Al entrar podías imaginar como había sido antaño, con sus miles de compradores entrando en las tiendas con sus robots o tomándose un batido de algas en alguna de las numerosas cafeterías detox. O en el bar de oxígeno, que habían estado muy de moda. 

En sus tiempos más prósperos había contado incluso con piscina, spa, clínicas de cirugía estética y un enorme gimnasio en la última planta, con vistas al parque de al lado. 

Y ahora no era más que un viejo refugio en medio del desierto, un lugar al que iban a resguardarse los viajeros o los criminales. 

Ellos eran viajeros, o más bien, refugiados, puesto que no habían tenido más remedio que dejar su hogar en plena noche. 

Habían llegado a Imperio de casualidad. Al principio creían que se trataba de un Oasis en medio del desierto, pero cuanto mas se acercaban más sólido era. Se alegraron de que aquel lugar se hubiera cruzado en su camino hacia la libertad, al menos podrían descansar bajo techo un par de noches, ya que el desierto era un lugar muy peligroso de noche y no solo por los animales que salían a cazar cuando oscurecía. 

Imperio había resultado estar vacío, y a pesar de los destrozos y el abandono todavía se mantenía en pie y resultaba ser un refugio perfecto del sol, del calor y, sobre todo, de las tormentas de arena. 

Todas las tiendas habían sido desmanteladas y estaban destrozadas, en el supermercado de la planta baja apenas quedaba nada más que latas caducadas, aunque encontraron algunas bolsas de comida deshidratada, tubos de comida y gelatinas. Y lo mejor es que había suficiente para los once. 

A la hora de dormir se colocaron unas mantas raídas que había en una tienda de mascotas e hicieron turnos de vigilancia. 

Cuando los relojes dieron la media noche lo escucharon. Algo había despertado. 

— ¿Qué ha sido eso? — Preguntó una de las mujeres que hacía guardia. 

Nadie tenía una respuesta a ese sonido metálico que llegaba de todas partes a la vez. Era un chirrido que parecía salir de algún aparato oxidado. 

No llevaban armas y no habían encontrado ninguna en el centro comercial, pero a pesar de eso decidieron tomar medidas. 

Despertaron a los que estaban dormidos para que fueran a buscar un escondite seguro, mientras que tres personas del grupo trataban de buscar el origen del sonido para determinar si había peligro. Una de ellas era una mujer que había sido militar, por lo que se encargaba de dar órdenes al resto. Se colocó a la cabeza de la expedición con un palo de béisbol como única arma.

Bajaron al último piso por las escaleras de emergencia. De noche el lugar daba miedo, con todos esos maniquíes rotos observándote desde las sombras, los escaparates vacíos en donde se podía esconder cualquier criatura que no quisiera ser vista y además, a lo lejos, de vez en cuando aún sonaba la música de una de las atracciones con las que contaba el centro comercial. Una noria que todavía se mantenía encendida gracias a las placas solares del techo. 

Los guardas bajaron hasta la piscina que resultó estar totalmente vacía. Una enredadera de colores neón había crecido dentro del agua y se había extendido por todo el piso, y otorgaba un color sobrenatural a la estancia. Subieron de nuevo. Todo estaba en silencio. 

De repente una luz azul entró de lleno por los enormes ventanales. Helicópteros silenciosos, no era posible oírlos pero su luz cegaba y aturdía para que no pudieras escapar de sus garras. Les habían encontrado. Ya era tarde para ellos. Huir por el desierto de noche no era una opción. Les llevarían presos por haberse fugado. Y a saber que les harían. 

Pero al menos no serían masacrados por las androides vigilantes que custodiaban Imperio todas las noches. 

Fin


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