Hay alguien mirando | Cuentos breves #24

Publicado por Aran en

Nueva semana, nuevo cuento breve. Un pequeño relato de miedo que transcurre en un plácido lago después de las vacaciones de verano. Lo he tenido que escribir dos veces porque la primera vez no me convenció. En este caso también quería que tuviera 500 palabras exactas.

Espero que te guste y que me cuentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

Hay alguien mirando: Cuentos breves 24
Photo by Vidar Kristiansen on Unsplash

Hay alguien mirando

Aquella noche el lago se había quedado vacío, todos habían ido a ver los fuegos artificiales de principios de verano. Ellos dos se habían quedado a cenar en el porche, el lugar estaba muy tranquilo y solo escuchaban las explosiones de colores que se lanzaban desde el pueblo. Niños y ancianos, padres y madres, todos habían ido a celebrar y las casas del lago se habían quedado vacías. 

Después de cenar salieron a fumar un cigarro mientras a lo lejos se escuchaba la música de las atracciones de la feria. La brisa soplaba desde el bosque y traía una fragancia a leña y al frescor de los árboles. 

Ella miró hacía el otro lado y vio una figura en el muelle que daba al bosque. Les estaba mirando, podía notar sus ojos puestos en ellos. Sintió un escalofrío y se lo comentó a su marido. 

— ¿Qué está haciendo ahí? 

— No lo sé, pero me da miedo. Está allí parado, sin hacer nada, mirando hacía aquí…

— Igual vive en el bosque.

— Nadie vive en el bosque. No desde que…

Se metió en la casa temblando de frío y se olvidó de la figura misteriosa. 

Se despertó a las dos de la mañana, le había parecido escuchar un chapoteo. Abrió los ojos y se quedó muda del terror, había una figura en el dormitorio, al lado de la cama. Volvió a abrir los ojos, había sido una pesadilla. Ahora estaba despierta de verdad y el corazón le latía a mil por hora. Intentó relajarse cuando escuchó otro ruido de chapoteo. 

Se levantó a mirar por la ventana, al otro lado estaba oscuro. Las bombillas de las farolas se habían vuelto a fundir. Escuchó un ruido a su espalda y vio cómo la puerta del dormitorio se abría lentamente. Al otro lado había alguien. 

Despertó a su marido y encendió las luces. 

— ¿Qué ocurre? —. Preguntó él medio dormido. 

— Hay alguien en la casa —. Susurró. Ya no se trataba de una pesadilla, estaba segura. 

Se dirigieron los dos hacia la puerta y ella la abrió con cuidado.

— No hay nadie. 

Escucharon ruidos abajo. Un crujido. Un suspiro. Las lámparas del dormitorio se apagaron. Ella presionó el interruptor del pasillo pero las luces no se encendieron. Había una oscuridad total. 

— Voy a por las linternas —. Dijo él. 

Cuando fue a bajar las escaleras dio un grito. Había alguien en la parte de abajo, dispuesto a subir. 

— Hay alguien abajo —.Le dijo. 

— Llamemos a la policía. — Susurró ella. 

Volvieron al dormitorio y cerraron la puerta. Escucharon los crujidos de las escaleras, un sonido de pasos sobre la alfombra del pasillo. Se estaba acercando. 

Todavía a lo lejos se podía escuchar la música de las atracciones de la feria local. 

A oscuras marcaron el número de la policía y esperaron a que les pusieran con un agente, vieron como se movía el picaporte, se miraron horrorizados y escucharon una voz profunda al otro lado de la puerta que decía:

— No deberíais haber despertado. Yo solo quería mirar. 

Fin


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