Cuentos breves #2 | La cita

Publicado por Aran en

Aquí está el segundo Cuento breve de 2019 con la inspiración de los dados del narrador de Tiger, como ya comenté en el primer Cuento breve del año. 
En esta ocasión tiré dos dados y me salieron los dibujos de un plato con dos cubiertos a los lados y un flor.

Quiero probar con diferentes géneros literarios como drama, ciencia ficción, terror, fantasía, aventuras, policiaca, etc… ¡prácticamente todos! también me gustaría mezclar varios géneros en uno, especialmente para no aburrirme ni aburrir a los lectores. Además es una forma de probar diferentes temáticas y ver sobre que me gusta escribir y que género me resulta más aburrido o más divertido, o más fácil o más difícil.

Espero que te guste y me comentes que te ha parecido.

¡Muchas gracias por leerme!

 

La cita

Photo by Ishan @seefromthesky on Unsplash
La cita

Nunca había estado en ese restaurante antes, llevaba varios meses abierto y tenía muchas ganas de probar sus especialidades, así que le dijo a su cita que quedaran allí y reservó una mesa que les dejara ver las vistas de la ciudad.

Llegó antes de tiempo y el amable camarero la llevó a su mesa. El sitio era perfecto para una primera cita, el lugar ideal para empezar una historia de amor. Podían ver los edificios de cristal que les rodeaban, el parque y los coches que pasaban volando cerca de la ventana.

Le había conocido a través de una aplicación móvil que encontraba la persona ideal para ti gracias a tu secuencia de ADN y a un extenso test de personalidad, que te preguntaba desde el nombre de tu primera mascota hasta tu color favorito pasando por el último sueño que habías tenido. 

Ella era una humana mejorada genéticamente cuyos padres eligieron todas sus características, tanto físicas como personales, así que era prácticamente perfecta. Casi perfecta. Y no era la única, muchos padres habían hecho lo mismo con sus bebés cuando se puso de moda. Querían crear seres perfectos que no sufrirían ninguna enfermedad hereditaria y sus defensas pudieran combatir cualquier contagio,  además de poseer unos rasgos simétricos y bellos, y un cuerpo atlético. Todos los Genebebés eran buenos, trabajadores, amables y alegres. Apenas lloraban y aprendían rápido. Había escuelas y guarderías especiales para ellos, para que no se juntaran con los demás, humanos y extraterrestres.

Por eso ella había elegido esa aplicación, que te ponía en contacto con gente de toda la galaxia. Ya había salido con muchos Genebebés y estaba cansada, a pesar de ser perfectos, la mayoría tenía problemas de adicción, desde el juego a las sustancias prohibidas, como el azúcar y se divertían en peleas ilegales de gastruces y otros animales exóticos. Todos esperaban que a su edad ya estuviera casada y teniendo bebés perfectos con alguien como ella. Los Genebebés solo se juntaban con Genebebés. Así que ella se rebeló y se decidió por ‘lnterconexión: conexión amorosa intergaláctica’.

Aunque ninguna de sus citas había salido como ella esperaba. La primera había sido con una ameba de Plutón, era grande y casi transparente, así que podía ver todo lo que comía, y se había comido a un perro caniche entero que todavía ladraba dentro de ella. A pesar de que era una ameba muy divertida era muy alocada y la visión de ese perro ahí dentro no había sido agradable.

La segunda fue mejor pero tampoco era lo que ella esperaba, venía de Encédalo, una de las numerosas lunas de Saturno, y era muy pequeño, tanto que para comer se sentó a la mesa y luego en su plato para terminarse la comida. Hablaba muy alto pero siempre lo hacía con la boca llena, y eso hacía que no le entendiera más de la mitad de las veces. Todo el restaurante se enteró de su conversación. 

La tercera no le gustó nada, fue con un hombre que se había implantado ADN de lobo y tenía hocico, grandes orejas y pelos por todas partes. No entendía como alguien podía hacer algo así, cuando vio la foto en la aplicación creía que era de su perro y eso le había parecido mono pero no, era él. Y era muy agresivo y maleducado con los camareros y con los robots que los atendían.

Esperaba que la cuarta fuera la vencida. La definitiva. El amor de su vida.

Y cuando le vio acercarse se le cayó el alma a los pies, como acababa de leer en un libro muy antiguo. Había tenido que buscar el significado de esa expresión, le gustó porque era muy dramática y perfecta para algunas ocasiones, como esa. 

Un ser del tamaño de un humano muy muy alto se acercó y le dio la mano, su piel estaba fría y se parecía a la de los reptiles. Tenía una cabeza enorme, muy abultada y su piel era de color azul. Su nariz eran dos líneas, como una serpiente, tenía los ojos grandes y oscuros, de la boca salía una lengua larga y bífida. Le dio repelús.

Al menos todas sus citas pertenecían a su mismo sistema solar y eso es lo que había pedido expresamente en la aplicación.

Venía de Oberón, una de las lunas más grandes de Urano, y era un lugar muy frío, según dijo él, pues ella solo había viajado a la Luna de vacaciones y a Marte por motivos de trabajo, a una conferencia interplanetaria sobre publicidad y nuevas tecnologías, allí habían presentado una pulsera en donde plantabas una semilla y hacía crecer una planta, podía ser cualquier planta y te daría sus frutos y sus flores, todavía no había salido al mercado debido a problemas legales.

Su cita se dedicaba a la cría de gastruces, una mezcla de avestruz y gato, que mucha gente usaba en las peleas ilegales pero que él criaba para utilizar sus plumas para rellenar colchones carísimos. 

De primero los dos decidieron pedir lo mismo. Les sirvieron el pato con tallarines de avena con salsa de caviar en un plato transparente y en forma de cúpula. Estaba delicioso. Hablaban de sus gustos en común y él resultó ser muy divertido, además de parecer realmente interesado en lo que ella tenía que decir, pero ella estaba indecisa, sobre todo por su aspecto.

De segundo ella pidió ensalada de kale y quinoa que vino envuelta en un alga en un plato volador. Él se decidió por gusanos de Marte fritos con sal del Himalaya y salsa helada de soja en forma de cubitos.

Ella sonreía y comía, pero se dio cuenta de que él había percibido su indecisión, pues a veces no se atrevía a mirarle a la cara, especialmente cuando abría la boca con esos dientes tan puntiagudos y la lengua bífida. Se sintió avergonzada y culpable, por que él parecía un buen ser y se sentía mal por ser tan grosera. 

De postre pidió una mouse de diente de león con espuma de limonesas, una mezcla de limón y fresas y aire de menta, mientras que él pidió un helado de crema lunar con trufas que no paraban de moverse en el plato.

La velada fue muy agradable.

Antes de irse, él le ofreció un obsequio, una pequeña semilla.

— ¿Qué tengo que hacer con esto?

— Solo apriétalo muy fuerte.

Ella así lo hizo y de su mano salió una preciosa flor blanca con manchas de colores, como si fueran confeti. Él sonrió.

— Es preciosa. — comentó fascinada por la belleza extraterrestre de esa flor, algo que nunca había visto nunca. Los ojos de él brillaban y su cara reptiliana mostró una ternura que a ella le encogió el corazón como nunca lo había hecho nada ni nadie.

Pero diez segundos más tarde la flor comenzó a pudrirse en su mano y se convirtió en polvo.

— ¿Qué significa? — preguntó intrigada.

— Qué tenemos que seguir buscando nuestra pareja perfecta. Lo siento.

Le dio de nuevo la mano fría y áspera, y se marchó con la cabeza gacha. Aunque está vez sintió calidez. 

Ella suspiró. No seguiría buscando, había cambiado de opinión. Ese oberonés le había empezado a gustar y quería darle otra oportunidad. Y esperaba que él también se la diera. 

Menos mal que tenía su número de teléfono.

Fin


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